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Después de una renuncia: la reunión que casi nadie hace
El trabajo del que se fue cae solo en el compañero de al lado. Diez minutos el lunes, con nombre y fecha para cada tarea, cortan el ruido.
Por Jorge Ernesto Luna Medina, Founder & Head of Consulting de HRTIC
Alguien renunció el viernes. El lunes su escritorio está vacío y nadie dice nada.
Eso que parece prudencia es la conversación más cara que una empresa se ahorra.
Porque el equipo sí habla. Entre ellos, en el grupo de WhatsApp, en el almacén, en la cola del comedor. Y cuando la empresa no explica qué pasa con el trabajo, cada uno completa la historia con lo que tiene a mano: que la cosa anda mal, que van a recortar, que el que se fue sabía algo.
Mientras tanto todos calculan lo mismo en silencio: quién va a hacer eso ahora, y a costa de qué otra cosa que ya está en la lista de alguien. La respuesta por defecto siempre es el de al lado.
Así se reparte una carga sin nombrarla, sin fecha y sin decir hasta cuándo. En una empresa de quince personas eso equivale a medio turno. Nadie lo decidió.
Cuatro decisiones, todas de esa misma reunión de diez minutos:
- Hablar del trabajo, no de la persona. Por qué se fue es asunto suyo. Qué pasa con sus pendientes es asunto de todos.
- Poner nombre y fecha. Quién asume qué, y hasta cuándo. «Provisional» sin fecha se vuelve permanente en tres semanas.
- Decir si el puesto se cubre o no. Vale incluso «todavía no lo decido». La incertidumbre nombrada pesa la mitad.
- Fijar la siguiente conversación. Dos semanas después, para revisar si la repartija aguantó.
En el cierre de año esto pesa doble. El que absorbe trabajo ajeno en octubre llega a diciembre sin margen, y en enero es él quien avisa.
Si nadie explica qué pasa con el trabajo, el equipo completa la historia solo.
Publicado originalmente en la página de HRTIC en LinkedIn el 22 de setiembre de 2026. Es información general y no reemplaza la revisión de un caso concreto.


