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Retroalimentación: el problema no es la nota, es la fecha
Escuchar en diciembre algo que pasó en marzo le dice a la persona que hubo una conversación a la que no la invitaron. Cómo darla a tiempo.
Por Jorge Ernesto Luna Medina, Founder & Head of Consulting de HRTIC
«Recién ahí me enteré de que eso les había molestado. Fue en marzo.»
Lo dijo una supervisora de tienda al salir de su evaluación de fin de año. No reclamaba por la nota. Reclamaba por la fecha.
Del otro lado de la mesa la intención había sido buena: guardar el comentario para un momento formal, decirlo bien, no mover el clima en plena campaña. Nueve meses después, ese cuidado se leyó al revés.
Lo que escucha alguien cuando el dato llega tarde:
- que hubo una conversación sobre su trabajo a la que nunca la invitaron;
- que siguió nueve meses repitiendo algo que otro ya había dado por mal hecho;
- que la hoja que firma, y que se archiva en su legajo, contiene un juicio que no pudo discutir cuando todavía servía para corregirlo;
- y que aquello, dicho en marzo, se resolvía con dos frases y una semana de atención.
Nada de eso entra en el formato de evaluación. Entra en enero, cuando la persona empieza a mirar avisos.
La regla que lo evita se escribe en una línea: la evaluación de diciembre no puede traer una sola novedad. Si el jefe va a decirlo en diciembre, lo dice antes. Si no lo dijo antes, lo conversa antes de escribirlo.
Y del lado de quien va a ser evaluado, tres preguntas que deberían tener respuesta hoy, a mediados de setiembre: qué estoy haciendo bien, qué me cambiaría la persona que me evalúa, y si eso ya me lo dijo o me lo estoy imaginando.
Cuando las tres recién se responden en diciembre, la evaluación no midió el año. Midió el silencio.
El crecimiento de una persona es la suma de todo lo que alguien se atrevió a decirle.
Publicado originalmente en la página de HRTIC en LinkedIn el 16 de setiembre de 2026. Es información general y no reemplaza la revisión de un caso concreto.


