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«En diciembre te doy algo»: el costo de una promesa sin cifra
Una promesa sin monto, criterio ni fecha no incentiva: el trabajador le pone su propia cifra y en diciembre la empresa cumple y aun así pierde.
Por Jorge Ernesto Luna Medina, Founder & Head of Consulting de HRTIC
«En diciembre te doy algo.» Yo dije esa frase. Con buena intención y sin un solo número detrás.
Lo que nadie dice de las promesas de fin de año es que no motivan: ocupan. Quien la escucha empieza a administrarla. La calcula, la compara con lo que cree que le ofrecieron al compañero, y en algún momento de octubre ya la repartió: una deuda que arrastra, un viaje corto, los útiles de enero.
Después llega diciembre. El «algo» entra en la boleta o llega aparte, y casi siempre resulta menor que la cifra que la persona ya tenía armada en la cabeza. Nadie reclama. Solo se enfría una cosa que no aparece en ninguna planilla.
La salida no cuesta un sol. Cuatro definiciones, dichas el mismo día que uno siente el impulso de prometer:
- Qué se está reconociendo. El hecho concreto, con fecha, no «el esfuerzo del año».
- Cuánto, en soles, o con qué regla se calcula. Un porcentaje sobre algo medible sirve; «depende de cómo cerremos» no sirve.
- Cuándo se paga y en qué documento va a aparecer.
- Y si este año no hay nada por encima de la gratificación de ley, decirlo ahora. En una reunión de trabajo, no en la cena de fin de año.
El equipo aguanta un año flaco. Lo que no aguanta es descubrir en diciembre que la frase de setiembre no tenía nada adentro.
Si tu palabra tiene fecha, el equipo deja de adivinar.
Publicado originalmente en la página de HRTIC en LinkedIn el 15 de setiembre de 2026. Es información general y no reemplaza la revisión de un caso concreto.


